Why I love Justinian the Great?

Posted on 19 mayo, 2011

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Cuando Justiniano I , el último emperador de todos los romanos, cerró la Academia de Atenas estaba haciendo uno de los mayores servicios a la Humanidad que puede hacer una persona. Él no lo sabía, no obstante la mayor parte de las veces no sabemos demasiadas cosas.

Por eso, merece la pena repetir las cosas que sí sabemos.Como por ejemplo que Justiniano I fue un crack (un visionario, un cheerleader) o que usamos (algunos, que tampoco vale la pena exagerar) mucho más del 10% de nuestro cerebro.

O incluso, y presten atención a esto que voy a decir porque lo estoy diciendo en una publicación ‘patrocinada’ por ellas, que la Universidad está regular. Es curioso, ¿Saben? Desde el lugar donde me encuentro ahora mismo mientras leen este texto (y que espero que sea en un pub en la Gough Square o en una playa interminable de una isla caribeña – ¡por pedir que no sea!), he escuchado las carcajadas: sé lo que están pensando, que quizá he estado ‘comedido’.

Puede ser, aunque tampoco tanto. El otro día en un blog leí que en una de las librerías académicas (sic.) más importantes del mundo, en la preciosa ciudad de Oxford, había una sección entera con el rótulo “la muerte de la Universidad”. Es llamativo: uno se esperaría decenas de libros con variaciones sobre ese sintagma aquí, donde cada vez que un[a] joven brillante y llen[o/a] de futuro se matricula en un grado, Dios mata a un gatito; pero en Oxford no. Es raro, como si en Estados Unidos en la caja de un rifle de asalto de esos que se venden en los supermercados pusiera “Las autoridades sanitarias advierten que las armas de fuego pueden matar”; raro, casi ciencia ficción.

Pero es así, si la literatura ‘de crisis’ está llamada a ser un género literario autónomo como la novela o los libros de cocina: la de la crisis de la Universidad tendrá sus propios ‘journales’ y ‘papers’ dentro de poco.

Nos gusta más una crisis que a Berlusconi una guardería: y es que la idea de que ‘hemos ido a peor’ es tan vieja como la conciencia del paso del tiempo. A veces es una tesis legítima, pero la mayor parte del tiempo es un prejuicio ideológico con poco (escasísimo) respaldo empírico. No digo que la Universidad esté genial, lo que digo es que el ‘caso’ que se está montando contra la institución académica es desmesurado.

Verán, la universidad es una mierda (como el noventa y tanto por cierto de las instituciones humanas) pero lo es por motivos internos, por haber traicionado sus ideas constitutivas [“the modern University has had three ideas: the Kantian concept of reason, the Humboldtian idea of culture, and now the techno-bureaucratic notion of excellence.” Bill Readings, 1996].

Con eso es suficiente, no necesitamos nada más para estar de acuerdo con Justiniano. Los discursos grandilocuentes que usan la universidad como terreno de batalla, pueden llegar a instrumentalizarla: eso sí es peligroso. Aún cuando nos guiemos por los mejores propósitos y los más nobles objetivos, es chungo chunguísimo. Es peligroso y al final lleva al lado oscuro, que diría Yoda.

Entre la Escila del conformismo y la Caribdis de la instrumentalización andas siempre princesa.

Sigue con salud,

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