La generación “ni- ni” se rebela, por Santiago Amador

Posted on 30 junio, 2011

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*Santiago Amador es Lcdo. Biología por la Universidad de Sevilla y miembro de la organización En Lucha.

Los acontecimientos acaecidos en el Estado español a raíz de las manifestaciones convocadas por “Democracia Real Ya” y las posteriores acampadas y movilizaciones de días posteriores nos han sorprendido gratamente a la juventud que llevamos años participando en organizaciones y movimientos sociales combativos. El presunto artículo en el que no pretenderé ser riguroso, esbozaré por un lado la situación económica y social de la juventud en el estado, las luchas desarrolladas por el movimiento 15 de mayo y por último las perspectivas del naciente movimiento.

Por un lado llevamos asistiendo desde hace tiempo (especialmente desde el comienzo de la crisis, aunque también antes), a una ofensiva neoliberal contra los derechos conquistados desde hace décadas, como eran el derecho a una vivienda digna o un trabajo estable. En el centro de estos ataques, la juventud constituye un sector especialmente castigado por estos ataques. Desde los medios de comunicación de masas y otros poderes establecidos, se ha tachado a toda una generación (la nuestra) como una generación “perdida” o “ni-ni” que no quiere estudiar ni trabajar, a la que sólo le interesa el botellón y los video-juegos. Sin embargo, la realidad es tozuda, nos encontramos ante una de las generaciones más formadas desde el punto de vista académico, la que a su vez lleva años sufriendo unos brutales índices de precariedad y una tasa de paro que alcanza el 43,3 % y actualmente no sólo obligada a no poder ser protagonista de su propia existencia y a la que se le ofrece un ocio alienante, sino que aparece obligada en los últimos tiempos a la emigración a países como Reino Unido o Alemania.

Pero si por una parte los poderes que a la vez han degradado la vida de una generación y han propagado la concepción de que era una generación sin ideales ni inquietudes de ningún tipo, se han encargado de criminalizar al sector minoritario de la juventud que lleva años luchando, como ha sido el de los y las activistas del movimiento anti-Bolonia o los que han luchado por una vivienda digna, activistas que se han enfrentado tanto a la criminalización de los medios de comunicación oficiales como a la propia persecución judicial y policial.

Sin embargo la minoría que llevaba años partiéndose la cara militando en toda clase de organizaciones y movimientos sociales se encontró con que el pasado 15 de mayo una parte significativa de la juventud pasó a la primera línea de batalla contra los ataques a sus condiciones de vida por parte de gobiernos y banqueros. Decenas de miles de personas (habiendo no sólo jóvenes) salieron a las calles de todo el Estado español, para pedir una democracia real y no una en la que los que manden no sean los banqueros y los que nos han conducido y están haciendo que paguemos este crisis. Los días posteriores surgen acampadas por multitud de ciudades, las cuáles sufren una brutal represión policial, lo que lejos de aminorar el movimiento hace que las acampadas sean más masivas y la combatividad y confianza de la gente en la lucha colectiva se hace mayor. Y sorprendentemente ante la prohibición de las reuniones y asambleas el día de reflexión por la Junta Electoral Central, la gente llena masivamente las plazas y espacios públicos de gran cantidad de ciudades del Estado español.

Tras prácticamente tres semanas de acampadas, de horas de discusiones y asambleas y de acciones de todo tipo, el movimiento ha experimentado su propia dinámica. Más allá del simple pataleo el movimiento se ha vertebrado en comisiones, en grupos de trabajo, etc. Yloqueesmás importante ha empezado a salir de las acampadas, en forma de asambleas de facultades y barrios. Pero a pesar del inmenso trabajo realizado, de la confianza de la gente en la lucha colectiva, de la recuperación del espacio público para la discusión y la organización desde abajo, aún nos quedan muchos desafíos. Uno de ellos es la utilidad para el desarrollo del movimiento de las asambleas indefinidas; tras una primera fase de organización del movimiento y de desafío al poder establecido ocupando el espacio público (sobre todo el sábado 21 de mayo), el mantenimiento de las mismas, de su infraestructura y del derroche de energías en miles de asambleas y en dormir en la calle, puede ser contraproducentes para canalizar las ganas de trabajar en la extensión del movimiento para miles de activistas. Por otra parte la independencia del movimiento de toda clase de organizaciones (tanto políticas y sindicales) cuyos militantes llevan años luchando por las mismas cosas que reclama el movimiento, no puede llevar a un sectarismo extremo ante las mismas. En definitiva, si sanamente el movimiento ha remarcado (y lo veo adecuado) la independencia ante los políticos profesionales y el sindicalismo colaboracionista (lo que tampoco debe ser razón para excluir a militantes de base de tales organizaciones y sus luchas), debería confluir a través de las luchas en las que participen dichas organizaciones (y también las de organizaciones vecinales, estudiantiles, etc.) con una militancia que puede aportar mucha experiencia y que está participando con toda honestidad en el movimiento.

Para concluir, decir que el movimiento 15-M ha abierto una nueva fase de movilización tras años de derrotas, una nueva oportunidad que tiene que tener sus propios ritmos y que por supuesto tenga claro que se trata de una lucha a largo plazo, de una lucha sostenida en el tiempo. Y en definitiva, una lucha que para ganarla necesita de la inteligencia y la pedagogía colectiva de una generación que quiere construir su propio destino.

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