Un soplo de aire fresco en la Ciudad Hurtad@, por Elisa Hernández

Posted on 15 agosto, 2011

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*Elisa Hernández es Licenciada en Psicopedagogía y  está escribiendo su tesis sobre participación civico-política de los jóvenes.

La tarde del 17 de marzo unos 100 ciudadanos y ciudadanas de Granada nos acercamos al Paseo del Salón. Nadie había hecho ningún tipo de convocatoria ni nada que se le pareciese, pero en varias páginas de Facebook se hablaba de hacer un encuentro, una reunión, una asamblea ciudadana… en realidad no sabíamos muy bien el qué, cómo tampoco sabíamos qué íbamos a abordar ni cómo pretendíamos hacerlo: lo que estaba claro es que estábamos “indignad@s”, que muchas nos habíamos sensibilizado un poco más con la situación actual de crisis durante la exitosa manifestación del 15 de mayo convocada por Democracia Real Ya! y muchas estábamos ya sensibilizadas; pero todos habíamos sentido la necesidad de hacer algo más, de salir a la calle, de reivindicar nuestra voz pública tantas veces no escuchada en un sistema bipartidista. Las ideas no estaban claras, llegamos allí y no sabíamos quiénes éramos, ni siquiera sabíamos que queríamos tan sólo sabíamos lo que no estábamos dispuestos a aceptar: no estábamos dispuestos a ser “mercancías en manos de políticos y banqueros”

Comenzamos esta asamblea espontánea y varias fueron las posiciones: a) quienes quieren una acampada inminente para organizarse y buscar unas líneas de trabajo comunes, b) quienes quieren tener más claro el objetivo antes de acampar c) quienes proponen posponer la actuación (de cualquier tipo) hasta que el proceso tras la manifestación esté más maduro y concreto, d) quienes proponen no acampar y dejar las energías para difundir por los barrios. Debatiendo llegamos a nuestro primer consenso (o quizás el segundo, puesto que el primero fue el consenso acerca de la necesidad de consensuar las propuestas): ¡Acampamos! Al menos de momento para poder seguir trabajando. ¿Dónde? Tras otro debate acordamos hacerlo en la plaza del Carmen frente al ayuntamiento.

En la plaza del Carmen la organización es veloz, en un instante han surgido ya cuatro grupos de trabajo: propuestas, seguridad legal, logística y difusión que a su vez se ha subdividido en barrios, facultades, medios de comunicación y redes sociales.

Hay una enorme presencia policial. Una sensación extraña de emoción y tensión nos invade, esa sensación de estar presentes en un momento histórico, de estar viviendo un punto de inflexión importante, temerosos ante la censura, ante las represalias.

A las 3 de la mañana, después de 6 horas de asamblea repartidas entre el Paseo del Salón y la Plaza del Carmen, nos avisan de que debemos desalojar la plaza debido a la ilegalidad del evento: tal y como habíamos acordado nos sentamos en el centro de la plaza, si quieren que nos vayamos nos tendrán que mover uno a uno.

Cuatro furgonetas de antidisturbios se preparan, están usando la intimidación como arma principal, se colocan los cascos, los escudos, avanzan con firmeza hacia nosotros, bloquean la calle Navas. No nos movemos, un ambiente espeso de nerviosísimo corre entre nosotros, tenemos miedo pero contamos con los mensajes de apoyo de las compañeras y compañeros. Cada vez estamos más juntas, nos abrazamos, nos enredamos. Empieza el desalojo, nos separan una a una, a algunas no de forma especialmente amable. Chillo, lloro de dolor, de miedo, de rabia, de impotencia, de incomprensión ante el hecho de que te aborden violentamente cuando no estás haciendo nada, cuando ni siquiera estás oponiendo fuerza ni resistencia, cuando sólo reclamas tu derecho a reunirte a pensar en una plaza. Nos habían desalojado pero seguíamos allí, a menos de 20 metros de donde nos habíamos sentado, nos habían ido juntando a todos en la calle Navas, uno a uno: una mera demostración simbólica del poder ¿eran necesarias tres detenciones y varias personas lesionadas para esto?

Solo ofrecimos una advertencia: “hoy somos cien, mañana seremos mil”. No fuimos mil, fuimos dos mil. La demostración de una intervención ordenada de forma injustificada desde la Subdelegación del Gobierno no hizo sino sumar aun más indignación entre la ciudadanía, sino crear mayor malestar ante determinadas gestiones poco democráticas del gobierno.

Pero ¿Qué queréis? Era la pregunta que más sonaba cuando la acampada estaba aun en pañales, se nos exigía que diésemos una respuesta, una propuesta de solución que ni la política institucional ni los supuestos expertos habían sabido dar en años. Solo una respuesta era posible: ven a la plaza y lo decidiremos entre todos.

En ese decidir entre todos que es lo que queremos comenzaron los días de asambleas generales abiertas y la actividad frenética de grupos de trabajo. La plaza se convirtió en un espacio de encuentro, de debate y de trabajo de personas de la más diversa procedencia, creció en complejidad y estructura; comenzó un importante proceso de aprendizaje político.

“El pueblo ha despertado, la auto-organización ha comenzado” nos avisan algunas pancartas: un mes después de que saliésemos a la calle ese ya son más de 25 los grupos de trabajo, las asambleas se han descentralizado llegando a los barrios y universidades, las actividades de aprendizaje, reflexión y reivindicación se multiplican, hemos levantado la acampada pero seguimos sumando: “no nos vamos de la plaza, tomamos la ciudad”.

La denuncia pública de un sistema corrupto; la recuperación del espacio público con esa

presencia de encuentros en todas las plazas de la ciudad que pone en jaque a la ordenanza cívica; la repolitización de la ciudadanía que ha hecho que en el último mes sólo se hable de política y que sea posible abordar un debate abierto improvisado, sin tabús, sobre, pongamos por caso el capitalismo; y el inicio de un proceso de aprendizaje y reflexión compartidos son algunos ejemplos de los conseguido hasta el momento.

Sin embargo, muchos siguen cuestionando escépticamente el futuro del movimiento, en especial en los días de verano en los que Granada parece quedarse aletargada. Bajo mi humilde punto de vista creo que no es posible frenar el germen que ha comenzado a brotar: es el despertar de una izquierda aletargada desde la transición (o la transaccióncomo prefiera denominarse) que cuestiona las políticas de un gobierno bipartidista en el que la izquierda es de derechas, que denuncia la manipulación de los medios de comunicación tradicionales en manos de una élite conservadora, que apunta directamente con el dedo a las aterradoras políticas neoliberales y a la dictadura del capital.

Foto: http://www.flickr.com/photos/landahlauts/


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Posted in: Elisa H. Merayo