Me tienen negro – Por Javier Jiménez

Posted on 15 enero, 2013

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No me tienen harto, ni cansado, ni me han proporcionado una línea de crédito en condiciones extremadamente ventajosas. No, no me tienen hasta los mismísimos, ni hasta ninguna remota y obscena región anatómica. Ahora mismo, lo que me tienen es negro.

¡Ay, la exactitud! Si la exactitud no fuera una ambición de la humanidad, no existirían los sinónimos y perderíamos seis de las siete formas que existen para referirnos al huevo frito. Una pérdida, a todas luces, irreparable.

Tampoco existirían los eufemismos y no comprenderían que hubiera cambiado el título de este artículo por un ‘me tienen afro-americano’ o un ‘me tienen muy hombre de color’.

Por último, y para no hacerme pesado, si la exactitud no fuera importante lo de Epi y Blas hubiera sido una relación homo-erótica más y ‘Esto, eso y aquello’ sería un trío musical de esos que tocan en las verbenas de los pueblos de la meseta.

Negro. Negrísimo.

El matiz es importante porque el negro es quizá el color más español. La aportación cromática más importante del Imperio, que lo rescató de las selvas americanas para llenar con él las oficinas burocráticas de medio mundo. Will Smith nunca será consciente de todo lo que le debe a Cabeza de Vaca.

Pero nada de lo anterior explica por qué negro.

Me tienen negro porque en este ataque a la Universidad quieren hacernos pensar que era otra cosa. Una cosa que nunca fue. Y si tenemos que encontrar un referente, solo uno, de una Universidad mejor, de nuestra mejor Universidad de Granada: el color es el negro, sin lugar a dudas. El negro, como diría Kunta Kinte, está en nuestras raíces.

Me refiero a un hombre que ha permanecido en la sombra más de lo que una primera impresión daría a entender. Un hombre que nació entre mulas y algarrobos y llegó a ser catedrático de la Universidad: Juan de Sessa. Que alguien nacido esclavo pudiera convertirse en un erudito de la lengua latina de tal renombre que es citado entre otros libros hasta en el Quijote, debe ilustrar la capacidad de la Universidad, del conocimiento para cambiar el mundo. Que alguien nacido en la más remota de las miserias se casara con una noble, Ana de Carvajal, y tuvieran hijos y fueran, contra el criterio de Toqueville, felices debe mostrar la apertura de una sociedad que trataba con uñas y dientes evitar una guerra a sal y sangre. Que hayan mantenido en la sombra de la historia al primer catedrático negro de la Universidad Europea debe evidenciar por si solo que nuestros líderes son como cualquier tío: les dicen ‘te quiero’ al oído a cualquier chavalita pero solo las quieren por el interés.

Ni cincuenta años después de la Toma, la sociedad granadina ya nos dio una lección de incalculable valor: no es el origen social, cultural o étnico; eso son simples accidentes, detalles.

Si hace 500 años fueron capaces de usar la universidad para cambiar, mejorar y abrir la sociedad: sería un delito imperdonable usarla hoy para lo contrario.

* Dibujo de Juan Vida para la novela Juan Latino de J.V. Pascual

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