Noches de insomnio en la pequeña burguesía -Por Carlos Hernández

Posted on 16 enero, 2013

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La clase burguesa, la de nuestros días, la clase media, la clase obrera, la que cambia el nombre como disfraz le convenga, quiero hacerle un traje a medida para que no pase frio en el crudo invierno que se avecina.

Esta clase burguesa, la que siempre salva el culo, escurre el bulto y deja para mañana lo que puede hacer hoy.

Va por y para ustedes:

La clase burguesa, es la clase del suspiro y del bostezo.
la que no arriesga porque teme perder o ganar,
la que no mama y llora mucho,
la que bebe sangre y come cuerpos de dioses los domingos por la mañana.

Es la clase del sacrificio para el eterno mañana,
la que se niega el vicio y cae profundamente en él,
la que se preocupa por todo y no se ocupa de nada,
la que bebe, conduce y muere,
la de los atascos, la que repite todas las canciones de anuncios,
la que teme todos los males de la salud y no escatima en psicofármacos.

Es la clase del doble o nada, doble moral, doble morada,
la que no viaja, hace turismo,
la que no siente placer, disfruta,
la que no consume, compra,
la que no viste prendas, las luce,
la que no reflexiona, recuerda constantes pasados,
la que no vive las relaciones, las deja pasar.

Es la clase que se apasiona,
por fútbol, por nominas, facturas, ascensos, excesos…
la que no se culturiza, compra libros,
la que prefiere el ingenio de un chiste sobre su situación vital,
antes que aceptar el drama de su vida.

Es la clase del repetitivo aburrimiento, la que trabaja por no pensar,
la que se entretiene por no sentir,
la que mira hacia otro lado cuando el león le persigue,

Pensando que así, este, desaparecerá por arte de magia,
la que conoce el látigo, el fustigador y la tortura
pero asegura que son cosas de películas.

La de las barbacoas, las casas rurales, el taper-sex y programas ñoños,
la que se alivia por la novedad y la variedad de tanto producto inútil para su vida cotidiana.
la que alaba, venera, admira y se olvida de si.
la que cree en los reyes magos, como jueces supremos de la bondad y la maldad,
la de la recompensa, el regalo o el amigo invisible, porque los visibles, no existen, son los padres.

La clase que se mira al espejo y ve a un desconocido,
la de la baja por depresión, la que sufre hipertensión, la del estrés,
la del miedo al que dirán, la del chismorreo,
la que tiene niños hiperactivos en una sociedad hiperestimulada,
la que tiene niños para usarlos de modelo con las cámaras de los móviles,
la de los funcionarios sin función que no funcionan,
la que nace, consume, produce, es consumida y nunca muere.

Es la clase prescindible, es el eterno recambio, la clase clon,
la del quiero y no puedo, la del puedo y no quiero,
la que no sueña, pasa malas noches,
la que sufre insomnio por no tener pastillas que le droguen
o una vida digna, orgullosa y feliz, de ser vivida.

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