El lobo octogenario *

Posted on 21 enero, 2013

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Bajo el tórrido manto de la estepa eterna,
Un viejo lobo sobrevive al tedio. Reo de su disfraz de cordero insolente,
Espíritu salvaje de mirada profunda y paso lento.

Sombra ciega, andrajoso cuerpo, Sedienta existencia de auténticas presas,
Aúlla del dolor que le quiebra,

La mandíbula le tiembla, nerviosa y culpable.

Preso del miedo por no poder defenderse
En el redil de la fiera hambrienta.

El humano aún le ahuyenta. Después de tanto, tanto tiempo, después de hambre, de soledad, después de morder la mano que le alimenta.

Vagabundea, mendiga su muerte, Solo teme que no venga, que llegue tarde.
Un rasgo de dolor quejido, sustantivó su vida,

antes de su estado inerte.

Acechador incansable de pastos, Centinela de la noche cubierta,

Vigilante oportunista de las ovejas estúpidas,
Obesas presas de carnicerías mugrientas.

Sus sueños aún le atormentan, ¿Mereció la pena, la pelea eterna?
Ayer sabe a olvido, relame la victoria nostálgica,

La dulce despedida de su loba materna.

Camina sin sentido, decapitado, hundido
¿Por qué sufrir, por qué llorar? Golpe tras golpe, sus patas torpes.

¿ Por qué seguir, por qué luchar?

El viejo lobo aún muerde, aún vive.
Aún despierta, cargado de ira, Azote de pastores soberbios, amos, dueños y señores. Solo él, ante los perros guardianes de la eterna obediencia.

 

* Dedicado a toda persona, que aun sin encontrar fuerzas entre tanta lucha, cada mañana se levanta a pelear por los pastos, contra los perros y pastores.

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