Andalucía is different – Por Raúl Moreno

Posted on 28 febrero, 2013

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El germen de lo que hoy conocemos como Coordinadora Andaluza de Representantes de Estudiantes (CARE), nace en la década de los ochenta como respuesta a la nueva realidad democrática que exigían los estudiantes, frente a los últimos coletazos de los herederos del franquismo en las universidades. En la cruda actualidad tiene más sentido que nunca la existencia de un ente que se dedique de forma exclusiva a coordinar las luchas de los estudiantes de cualquiera de las 10 universidades públicas de Andalucía, para que esas energías del movimiento estudiantil no se diluyan en un panorama tan amplio como es nuestra comunidad autónoma, y consigamos así canalizar las demandas de los estudiantes hacía cambios efectivos del modelo educativo y de su acceso a él.

En este sentido, la CARE tiene actualmente una ventaja de partida muy considerable para reivindicar nuestras demandas ante la Junta de Andalucía o el Ministerio, que es la cohesión y entendimiento de los representantes de estudiantes de nuestras universidades públicas, que conseguimos desde hace tiempo llegar a un punto de entendimiento a pesar de tener distintas ideologías y formas de entender la Universidad, para que las demandas que hacemos sean las que de verdad quieren los estudiantes universitarios andaluces. Defendiéndolas unidos, con una masa crítica de más de 285.000 estudiantes, podemos conseguir todo lo que nos propongamos. Si aún no se ha conseguido un sistema universitario tal y como lo reivindicamos es porque aún nos queda un camino que recorrer en la construcción del sentimiento de grupo del colectivo estudiantil, sentimiento que con tantos esfuerzos intentan erradicar aquellos que prefieren una sociedad atomizada y, por tanto, sumisa. Esta unidad en la lucha ante los ataques a la educación pública no se ha dado en otros momentos históricos y no se da en la actualidad en otras zonas del Estado. Sin unidad en la lucha esta batalla estará perdida incluso antes de plantearla.

Los objetivos por los que estamos peleando en la actualidad con la Junta de Andalucía, con la que al menos tenemos vías de diálogo, —a diferencia del Ministerio, que no es que no nos escuche, es que ya ni siquiera nos oye— son una mejora en las condiciones de acceso y permanencia en la universidad a través de una reformulación del sistema de becas de la Junta, así como una mejora en las normativas de progreso y permanencia.

En otro frente, seguimos pendientes de las tasas universitarias que tendrán que aprobarse para el próximo curso, como ocurre todos los años, por las que mantendremos nuestra postura inflexible de cero subidas, y mantenemos nuestra demanda de la retirada del Decreto 14/2012 que fija los desproporcionados umbrales que tenemos ahora y que ha expulsado de una tacada a más de 150.000 estudiantes del sistema universitario, el 10% con menos recursos económicos se ve fuera de la universidad y desprovisto de cualquier esperanza de futuro, con seis millones de parados.

Uno de los puntos de inflexión en la historia del movimiento estudiantil andaluz podría llegarnos en breve, si conseguimos como así parece a corto/medio plazo que el paro académico, un derecho que tienen y ejercen la Universidad de Sevilla y la Universidad Pablo de Olavide (derecho que también tiene la Universidad de Granada pero que no puede ejercer), lo consigan el resto de universidades públicas de Andalucía y podamos imaginar un escenario en el que puedan pararse todas las universidades simultáneamente ante los ataques a la pública.

También hay una parte de la universidad que la representación estudiantil deja en ocasiones un poco de lado por las urgencias que nos imponen los recortes en educación, que es la mejora estructural de la calidad educativa, y que la CARE lleva como objetivo al mismo tiempo que la lucha por la pervivencia de una universidad pública, de calidad y democrática. Para abordar posibles mejoras en nuestro día a día académico se ha creado recientemente una mesa sectorial compuesta por estudiantes, vicerrectores de estudiantes y la Dirección General de la Junta, para proponer e implementar mejoras en este sentido, sin que los responsables se pasen la pelota unos a otros haciendo a los estudiantes perder nuestro tiempo y quedarnos como estábamos. Como fruto de este gran avance, se ha conseguido reconocer el derecho a ser evaluado por un Tribunal de Compensación en todas las universidades, que se suma a otros logros como la tramitación del Decreto Andaluz del Estudiante que amplia ciertos derechos, (escasos aún, pero menos da una piedra) o el mantenimiento de una única experimentalidad en las tasas, que no se respeta en el resto de España, donde ya existen carreras de ricos y carreras de pobres.

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