Los 400 golpes sin tregua (Acerca de las circunstancias en los centros de menores) – Por Carlos Hernández

Posted on 7 marzo, 2013

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Ni uno, ni dos, ni tres… 400 ni uno más ni uno menos. Criarse y nacer a base de las ostias y frustraciones, sobreviviendo a la urgencia adulta del querer tener, dejando la importancia del ser para un golpe de suerte o de efecto, agobian la realidad del día a día de múltiples muchachos, infinidad de historias perdidas.

La soledad y la incomprensión más cruel, aplacan explicaciones de un por qué, las ostias vuelan olvidando que una vez fuimos muchachos. No dejen vagar en el olvido la paciencia que tuvieron con nosotros, hoy habla este niño y dice RECORDAD. Soledad que se agrava cada vez que cometen un fallo, que cometemos un fallo, para las administraciones no hay condena y la soledad aumenta para todos. Las oportunidades ya no florecen y las cuerdas para salir están roídas, la carcoma las transforma en serpientes que ahogan sin tregua.

¿Sueños de niños o juegos de niños? Noches pensando en ¿porque a mi? ¿Habrá otra forma? Solo quiero crecer en paz. Maldigo la intolerancia y la estupidez humana . ¿Como me he metido en este campo de minas? me muevo, si me muevo, doy un paso y caigo en riesgo de explotar, si no me muevo me muero de hambre, ¿que hago? Da igual, echaré a caminar y que pase lo que tenga que pasar.

Burocratizando el cariño que necesitan, cuántos papeles harán falta para encontrar un hogar, un abrazo, recordando el tacto del terciopelo, el calor de una mano revolviendo su pelo, un lugar donde descansar que no este embarrado de hierro, maldigo los códigos de barras que tatuaron a fuego en sus nucas, solo quisieron crecer y tocaron techo antes de tiempo. Correr pero no huyáis, este mundo es vuestro, es nuestro.

Sin preguntar las causas, fijando objetivos en proyectos apuntando al producto como el lanzador de cuchillos del circo, sin miedo a acertar y dañar, el dinero los/nos hizo objetos de cambio, privar de derechos al privatizar las vidas tratándolos como desechos irreversibles, condenados de por vida por una incompetencia alarmante de unas estructuras sin tiempo para perder el tiempo, sin tiempo ni humildad para aprender de la observación, queriendo ser sin dejar ser a los demás.

Toda vida tiene un precio dicen los que se olvidan del valor de la vida de los humanos, y aunque sea de necios confundir valor y precio, ponen precio al valor de la capacidad de crear historia, crean dudas en los derechos adquiridos por tanta sangre derramada, faltan al respeto a la memoria, sin voz a la emoción, golpeando sentencias y machacando bocas hasta el silencio. Pretendiendo un mundo mejor hemos consentido hacer uno más rápido para tener más control, todo el mundo lo pierde y creamos uno peor. ¿Y ahora qué?

“De nuestros antepasados heredamos un montón de piedras y el coraje para levantarlas.”
(Hoy empieza todo)

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