La tierra en Abril (Presentación el 6 de Mayo) – Por Rubén Pérez

Posted on 30 abril, 2013

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El próximo lunes 6 de mayo a las 21 horas presentaré mi libro de poemas La tierra en abril dentro del ciclo poético “Brillos en la azotea”, que organiza la Asociación del Diente de Oro en Granada (Hotel Fontecruz, Gran Vía 20). Lo cierto es que este libro ha sido escrito al calor del lema que preside el pórtico de la granadina Casa de los Tiros (s. XVI): “El corazón manda”. En su conjunto, los poemas sondean el sentido y el alcance de esa afirmación que parece, a la vez, un imperativo.

Animal político y animal poético

El ser humano es “homo sapiens”, con capacidad de especular racionalmente, pero antes y después de eso es un “homo poiesis”. Ya el “homo erectus”, que por primera vez camina erguido y experimenta con el fuego, aborda las encrucijadas de su existencia en sus manifestaciones artísticas y en su modo de vivir. En sus pinturas rupestres aparecen rastros no sólo de animales cazados y aventuras en la altiplanicie, sino elementos telúricos de soledad y acompañantes desaparecidos.

Por lo tanto, el ser humano es, ante todo, “zoon poietikon”, animal poético. Pero ello no es óbice para reconocer que también es “zoon politikon”, animal social. De hecho, la naturaleza poética (que no es naturaleza) de la humanidad es una de las más primitivas formas de sociabilidad. Ahí quedan aquellas pinturas y enterramientos antiquísimos, así como los grandes poetas políticos: Píndaro, Horacio, Claudiano, Al Mutamid, Dante, Fernando de Herrera, Quevedo, etc.

Este libro se inscribe en esta tradición, que nos lleva al concepto (ya tradicional) de Romanticismo. Que no nos engañen estos poemas por tratar temas fundamentalmente amorosos, metafísicos y, salvo excepciones, en primera persona, pues no dejan de ser poemas, y eso en el sentido antes explicado (de “zoon poietikon” y “zoon politikon”). Justamente por ser poemas de esta índole se unen a aquella invocación del derecho al amor que viene produciéndose desde hace siglos.

El Romanticismo marca el inicio de la historia contemporánea. Sabemos que se desarrolló en un espacio concreto (Europa, América). Pero es más difícil determinar el momento histórico en el que se desarrolla. Se gesta en la Revolución francesa y estallar durante la Revolución industrial, pasando por el imperialismo napoleónico y los movimientos de liberación nacional a que dio lugar.

Es verdad que en un principio el Romanticismo, en este caso el poeta romántico, busca el ensueño, como tercer reino al que evadirse (a camino entre el reino terrenal y el reino de los cielos). Es la reacción tradicionalista opuesta al liberalismo revolucionario (el de Sieyés y Rousseau) y, ya triunfante la burguesía revolucionaria, es el poeta de salón que busca el refugio exótico en lo lírico. Lo que políticamente puede traducirse como una salvaguarda del orden público con las bayonetas de la cultura.

Aparecen poetas curtidos en los ideales político-sociales del nuevo orden liberal que, sin embargo, entienden que hay clases y grupos excluidos de la Modernidad. José de Espronceda y Víctor Hugo están entre estos liberales progresistas, con simpatías socialistas, que escribieron en el siglo XIX. También lo están Juan Ramón o Lorca, Rafael Alberti y Ricardo Molina. Otros, como Pablo Neruda, como el paisano Carlos Álvarez Cruz o Javier Egea, apuestan por una poesía social e incluso política. En José Saramago hemos tenido para el siglo XXI lo que Víctor Hugo supuso para el XIX: la “conciencia sonora” de las personas humildes de su tiempo.

 El animal poético, hoy

¿Cuál es el sentido del Romanticismo actualmente y, sobre todo, qué relación guarda con el lema “El corazón manda”? A día de hoy, el romántico sufre la envestida del neoliberalismo en los otros y en sí mismo. Lo hace experimentando un sentimiento de repulsa por la “democracia sin pueblo” que da pasos decididos hacia la dictadura de una Junta de accionistas. Aprendidas las lecciones de sus antepasados, el romántico actual combate la evasión normalizada, el estado de adormecimiento en que subsisten sus iguales. Y lo hace fundamentalmente apelando al amor como patrimonio y virtud en peligro, lo que es decir el cuerpo y el alma inescindibles.

Porque el romántico ha comprendido que el individualismo competitivo, la punta del iceberg de la cultura capitalista, se ha propuesto aniquilar el amor. El amor entre los hombres y las mujeres, el amor entre los pueblos, viene siendo arrancado en lo que supone una auténtica Revolución antropológica. Como decía P. P. Passolini, ya no hay sonrisas, hay carcajadas; no hay conversaciones, hay muecas. Nadie comprende los gestos ni ve en el amor algo más que un producto en buen estado adquirido para consumo propio.

Cualquiera que sea su propósito, el poeta romántico anuda en sus versos la tragedia colectiva con la individual. La obra poética no es infalible, pero tampoco lo es una estadística, un tratado económico ni un código penal. Objeto y sujeto, mundo exterior y mundo interior del poeta son una misma cosa, pues todo lo que se registra en el texto cristaliza los vaivenes del alma.

En otras palabras, la poesía no es un método, pero sí un cauce para el conocimiento de los fenómenos que acontecen alrededor y por dentro de nosotros.

La actividad creadora del poeta romántico, aislado en su habitación, es la conducta delictiva de quien contraviene la norma cuyo fin es reducir el amor a residuo extraño. La actividad creadora del poeta no es una rebelión, y de esa frustración deriva precisamente la tendencia hacia el hermetismo. No obstante, el hermetismo, siendo el poeta romántico –al menos el que habla– un poeta del pueblo, no impide la comprensión del poema por parte del lector no acostumbrado a la poesía.

Ideas fuerza en torno al lema: “El corazón manda”

Dado el origen de la poesía en la historia de los homínidos y en la historia de las civilizaciones, y dada la interpretación que el Romanticismo del ochocientos realizó del mismo, podemos espigar varias ideas que son, en puridad, oberturas con las que iniciar la lectura de La tierra en abril.

“El corazón manda” es un lema político a la altura del lema zapatista que en Chiapas reza: “Aquí el pueblo manda y el gobierno obedece”. La analogía es significativa: si antes se relató la barbarie de las Revoluciones liberales, ahora se está declarando al neoliberalismo una guerra sin armas.

Quiere decir que, si es preciso, el poeta lucha cuerpo a cuerpo. Pero sobre todo, implica que, en todo caso, el poeta romántico ama cuerpo a cuerpo porque es en el amor donde encuentra un foco de resistencia que habrán de derribar sólo un día los dos brazos de la muerte.

 Quiere decir, además, que es un hecho que el alma existe, y lo sabemos porque existe el cuerpo. El cuerpo puede lo que el alma le ordene. Sin cuerpo no hay alma, pero no podemos decir abiertamente lo contrario. La pureza es una quimera, a no ser que reconozcamos en nuestra propia alma el rastro de una inmundicia eterna.

Por último, quiere decir que con un libro de poemas, La tierra en abril en este caso, se suscribe la afirmación: “El corazón manda”. No hay duda de que la poesía ha de desempeñar una función social y que, aunque proviniendo de un impulso y una experiencia esencialmente individuales, ha de englobarse bajo la noción de bien común de la comunidad.

Sin embargo –lo que es igual de relevante– quiere decir que con un libro de poemas no se da plena vigencia al mandato que contiene dicho pórtico. Una poesía al servicio del amor no es suficiente para dar cumplimiento a un principio que atribuye el poder de mandar a los únicos que tienen la capacidad de amar, esto es, las personas con el corazón herido y los pueblos crucificados.

 

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Posted in: Rubén Pérez