Elogio de la corrupción – Por Javier Jiménez

Posted on 9 mayo, 2013

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Pues a mí me gustaba Jesús Gil. Recuerdo que estando en el instituto nos llevaron a Gilbraltar y paramos en Marbella. Yo, que viviendo a 8 km de Granada y a 200 metros del centro del pueblo viví hasta 2009 en una calle sin asfaltar, flipé en colores. Como decía una señora “Gil roba, pero hace cosas”.

Voy más allá, si me dan a elegir entre un cirujano brillante con una ligera cleptomanía y un íntegrísimo cirujano técnicamente más torpe, ¡Qué me opere el primero y se lleve la cartera!

No sé si me explico.

En general, soy de la opinión de que el político que pudiendo no enchufa a algún familiar o amigo que lo necesite, no tiene corazón. Eso es así.

A veces el momento no es oportuno (“hay un periodista que me tiene entre ceja y ceja”, “un juez quiere hacer carrera a nuestra costa”, etc.), pero si la situación se dilata en tiempo… entonces ya os digo que es una mala persona.

Cuando todo el mundo se escandaliza porque un política roba, yo no puedo dejar de pensar en los euros que le habré birlado del bote de las propinas al editor de esta revista. Como diría el escorpión, es mi naturaleza.

Quizá es que soy un sinvergüenza y, claro, por eso sólo otro sinvergüenza podría representarme. Quizá sea eso. Pero, bajo mi punto de vista, la representación es lo de menos. La democracia nació para controlar al Leviatán del Estado y tal y tal, pero la clave es que el Estado pre-existía y lo que debemos exigirle es que haga bien lo que tiene que hacer.

El otro día en Dan Pallota, reflexionando sobre el problema de la gestión en el tercer sector, contaba que mientras un MBA de Stamford cobraba de media unos 400.000$, la media en el mundo de las non-profit para sus CEOs es 87.000. Como decía Pallota, a alguien con sensibilidad social le sale más rentable donar 200.000 dólares y trabajar para una empresa que trabajar para una ONG.

Algo así pasa en el mundo de la política. No es que tengamos a los políticos que nos merecemos, es que tenemos a los que  pagamos por eso, la corrupción es una comisión a los pies del progreso. La forma con la que Dios Omnipotente hace que tengamos mejores políticos de lo que nuestro sistema de mortales jamás pudiera permitir. Eso es así, o así me gusta creerlo. Y por lo que se ve, Dios lo está haciendo de puta madre.

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