Un alimento, un voto – Por Iolanda Casella

Posted on 16 octubre, 2014

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Cada vez que comiendo saciamos nuestra hambre, estamos expresando un voto sobre el sistema alimentario global.

A lo largo de nuestras vidas, aprendemos a tomar decisiones que afectan a nuestra cotidianeidad y a nuestro futuro. Cada una de esta elección llega a tocar de forma negativa o positiva, según el caso, nuestro corazón, el centro de nuestro “ser”, lo que impulsa nuestra existencia, formando así lo que será nuestra propia historia. La de las semillas es una historia que abarca miles de años, y está condicionada por las decisiones de los seres humanos, cada uno en su medida. Las semillas representan en corazón del sistema alimentario global, su propio núcleo.

Durante los siglos, la humanidad ha evolucionado en sus tradiciones, lenguas, hábitos, adaptándose a muchos climas y ecosistemas diferentes y cada comunidad ha creado su propio desarrollo, costumbres, rituales llegando a poner su matiz de color en el enorme mosaico de diversidad del que se compone nuestro planeta. Estos procesos se caracterizaban por un mínimo común denominador: la lucha por la supervivencia. Cuidar de la Tierra, de su biodiversidad, de sus recursos formaba parte de todo ello. La Tierra era al mismo tiempo el corazón de la humanidad y su propia armadura, dando vida y protegiéndola.

La cultura de vida que se fue desarrollando durante milenios se edificó consolidando sus raíces en la idea común de preservar y respectar la Tierra y todos sus elementos, cuidando de su conservación y reproducción, cuidando pues también de sus semillas.

Sin darse cuenta de la labor fundamental de la que eran protagonista, con conciencia y dedición, hombres y mujeres de todo el mundo participaban al proceso de diversificación mundial de las semillas. Seleccionándolas y sembrando de nuevo las que mejor se adaptaba a su entorno, compartiéndolas y cruzándolas, formaban parte del cambio evolucionista.

Cada uno de nosotras/os, somos herederas/os de este proceso de conservación de biodiversidad global, de cultura, de vida.

Lamentablemente, olvidando una historia de miles de años, las semillas hoy en día se encuentran al centro de un conflicto sin dignidad: erradicadas de su papel de impulsoras de vida, han sido transformada en una poderosa herramienta de monopolio que está destrozando la agricultura mundial a favor de los negocios. El conocimiento ha cedido el paso al control, la vida a la destrucción.

El desastroso cambio empieza a principio del siglo XX, cuando se concretaron las necesidades (de pocos) de crear un mercado para los productos químicos realizados durante las guerras mundiales: los explosivos y agentes neurotóxicos se trasformaron así en fertilizantes y pesticidas. Todo ello cambió para siempre la agricultura volviéndola profundamente dependiente de estos productos.

Los ciclos tradicionales de almacenado e intercambio de semillas fueron remplazados por el avance conseguido por la industria química: un cruce de dos variedades puras, la semilla híbrida. Era la primera generación de semillas transgénicas, muy rica, pero que pierde su vitalidad en la segunda y tercera temporada, pues se vuelve inutilizable. Los cultivos autóctonos fueron remplazados por nuevos monocultivos de exportación causando la pérdida total de independencia de las/os agricultoras/es de gestionar su producción, atada a la compra de nuevas semillas en cada temporada después del primer utilizo de la semilla híbrida.

Bajo la equivocada quimera de mayor productividad y mayor ganancia, las multinacionales pudieron privatizar, pues controlar, el mercado internacional de estas semillas. Un mercado volátil y más caro que las/os agricultoras/es adoptaron ingenuamente. Consecuencia directa fue una grave pérdida de diversidad productiva que está atentando al entero sistema de producción agrícola, a sus prácticas tradicionales, y hace peligrar la misma sobrevivencia de las/os campesinas/os, su soberanía y seguridad alimentaria.

Además el enorme daño inflicto al medio ambiente se agravó aún más debido a que se modificaron genéticamente semillas para que resistieran a particulares pesticidas y herbicidas, los más vendidos. Las modificaciones genéticas fueron asimiladas también de las plagas que consiguieron ser más resistentes de los productos químicos utilizados para derrotarlas, lo que implicó el utilizo de pesticidas más potentes y dañinos para la naturaleza.

En cada temporada las/os campesinas/os se vieron obligados no sólo a comprar nuevas semillas sino también una mayor cantidad de pesticidas más caros, creándose así un espiral de deuda sin fin. Lo que causó abandono de las tierras, suicidios y por supuesto empeoramiento de la nutrición y esperanza de vida.

Otra nefasta consecuencia de esta enorme caída de ética prende el nombre de patente. Se determinó que podían ser patentadas semillas ya existentes en la naturaleza y modificada de un determinado gen y ser, así, de titularidad privada. En los tribunales del mundo estos problemas éticos se concretizan en varias tipologías de juicios. Una vez más se amenaza la libertad de las/os agricultoras/es, sus derechos, y el medio ambiente.

Es verdad pues que los alimentos transgénicos han cambiado, como predecían las expectativas, el problema de hambre en el mundo, la cuestión es que lo han empeorado aún más.

Hoy en día, la agroecológica a pequeña escala abastece todavía el 70% de la población mundial, utilizando menos tierra y menos recursos naturales, produciendo alimentos sanos y nutritivos, respetando y conservando la biodiversidad, protegiendo los ecosistemas siendo más resistente a los cambios climáticos, asegurando de forma duradera una verdadera seguridad y soberanía alimentaria.

Se necesita una descentralización del sistema alimentario, romper el juego internacional del control sobre las semillas, garantizar la continuidad de la biodiversidad, para no perder el futuro de una soberanía del sistema alimentario. Siguiendo lo tradicional encontraremos la mejor forma para reconstruir lo que se está destruyendo.

Cada uno con su medida. Cada uno con su posibilidad. Un alimento es un voto sobre el sistema alimentario global.

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