CUANDO EL VASO REBOSE – Por David Pérez

Posted on 17 diciembre, 2018 por

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La leche hervía haciendo ascender la espuma en el pequeño cazo puesto al fuego. Tres pasos se apresuraban a frenar un desenlace que acabaría con toda la hornilla cubierta de blanco, emitiendo el característico olor a leche quemada.

Dolores sonreía. Una mañana más se le había ido el santo al cielo, engullida por las noticias de la mañana.

Hacía años que acostumbraba a desayunar mientras recibía las principales noticias del mundo. Siempre fue una mujer curiosa, inteligente, ávida de conocimientos.

“Nueva avalancha de inmigrantes en el estrecho: una patera con 150 inmigrantes llega a la costa de…”

– Qué manía con hablar de avalancha. En este país hemos olvidado nuestra historia, ahora nos creemos que somos superiores. El primer mundo, el tercer mundo… Qué mamarrachos!. No nos acordamos de cuantas personas tuvieron que marchar, ni de cuanta juventud se nos ha ido en los últimos años… ¿Cómo estará Ernesto en Alemania?

Dolores hablaba en voz alta, como si aún tuviese aquel compañero con el que compartía esos ratos en las mañanas desde que ambos dejaron sus respectivos trabajos, para poder dedicarse el tiempo que tanto habían merecido.

Una gota de café, para manchar el blanquecino color de la leche. Un poco de pan, del día anterior, para poder empaparlo bien en aquella leche manchada, y vencer las limitaciones que el tiempo había impuesto a su dentadura.

Miércoles.

Los miércoles eran un día especial de la semana. El día que le tocaba recoger a Ada, la pequeña de las nietas. ¿Quién habría inventado esos nombres tan modernos? Se preguntaba.

Aquel aparato del demonio comenzó a sonar.

Dolores se levanta. Busca sobre la mesa. Camina hacia el cuarto, con el ritmo pausado con el que sus gastadas rodillas le permiten avanzar.

La música continúa. En la mesilla de noche, entre las sábanas… Se para a pensar…

La música cesa.

Bah. Sería alguna de esas compañías que tanto molestan a estas horas…

A paso lento, vuelve hacia su plácido desayuno. Ese momento de la mañana donde las tertulias televisivas le alteran su paz interior. Ese momento, en el que la joven luchadora que un día fue, resurge con las ganas de poder decirle algo a la cara al conjunto de machitos, racistas y fascistas, que campan por algunos platós televisivos.

– Ay, Fermín si estuvieras aquí… Quién iba a decirnos que nosotros que tanto luchamos contra el fascismo veríamos de nuevo resurgir el fantasma.

Está a punto de sentarse, cuando de nuevo comienza a sonar aquella música. Dolores se queda parada, pensando. Mira a su alrededor, intentar buscar de dónde viene el sonido…

– ¡La chaqueta! Está en la entrada. ¡Ay! Mi cabeza…

Sale deprisa hacia el perchero de la entrada. Deprisa, pero a cámara lenta. La fuerza que empuja su corazón, no es correspondida por la musculatura de sus piernas.

– ¿Sí? ¿Diga?

– Soy Fede.

– ¡Federica cuanto tiempo! ¿Cómo estás? No te veo desde hace una semana.

– Dolores, ¿es que no miras el whatsapp de tu móvil?

– ¿El qué de mi móvil?

– Dolores el whatssap. Lo de los mensajes. Que hemos estado escribiendo en nuestro grupo: #yayorevolución.

– Es que no lo entiendo. Es un lío y eso no para de pitar… pi pi pi, pi pi pi. Hija es que es una locura mirarlo todo el rato.

– Pero, a ver Dolores que no hay que mirarlo todo el rato, pero una vez al día… Entonces no te has enterado que hoy hemos quedado por la tarde para demostrarles quien manda ¿no?

– ¿Demostrarles  quién manda? ¿A quién?

– ¡Dolores! Parece mentira que tu marido y tu fuerais los que más nos empujabais a todos. ¡Las pensiones! Que estos sinvergüenzas nos roban las pensiones y encima están creando un país de mierda. Que no les va a quedar nada a nuestras hijas, que están volviendo a sembrar el odio entre nosotros, que…

– Ya, ya. Eso sí lo se. Pero dime, dónde habéis quedado, quiénes vais, qué vamos a hacer…

– Vienen todas: Victoria, Lucía, Clara, Carmen, Margarita… vamos a ir a la puerta de la delegación del gobierno. Victoria ya ha hablado con gente de todo el país, todo el mundo vamos a estar a las 7 de la tarde para demostrarles que no pueden jugar con nosotras.

– Es que hoy me toca quedarme con mi nieta. Con Ada, ¿Te acuerdas de ella? Además los padres vendrán por ella a las siete y media y ya sabes que mi hijo y su mujer no quieren que ande con las niñas metida en esas cosas.

– Pero, Dolores que hace mucho que ya no vienes a nuestros cafés. Que te echamos de menos, que también tenemos derecho a no olvidar nuestros sueños…

– ¿Qué sueños? Eso ya acabó, Fede. Locuras de juventud. Ahora al menos estamos tranquilas, nuestros hijos, no todos, pero tienen posibilidad de estudiar, de tener un trabajo…

– Lola no me digas eso! Quién te ha visto y quién te ve. No me digas eso. Mira, haz lo que tú quieras, adiós.

Dolores quedó con el móvil pegado al oído. Las palabras de su amiga le habían dolido. Miraba la televisión. Las noticias de todos los días…

“Los bancos mejoran las previsiones de crecimiento…”

“Una familia es desahuciada, los tres menores quedarán en manos de servicios sociales…”

“El paro aumenta. Los jóvenes buscan en el extranjero la forma de rentabilizar los años de estudios…

– ¿Y qué vamos a hacer Fermín? Esto siempre ha sido así. Tú lo sabes igual que yo. ¿Qué conseguimos con tantas luchas que hicimos de jóvenes? No nos escuchan. Y la juventud… ay! Si yo puediera contarle a la juventud que tienen el rumbo del mundo en sus manos ¿Te acuerdas Fermín?. Eran tus palabras. Cuántas veces le explicamos a nuestros hijos lo importante que es luchar por la justicia, por la igualdad…

Se le había enfriado el café. En aquella fría mañana de primavera, Dolores no pensaba renunciar a su vaso de leche caliente. Caminó al microondas y mientras tanto, continuaba pensando en las palabras de su amiga: “Quién te ha visto y quien te ve”…

La mañana estaba gris. Dolores agarró su chaqueta, no sin antes volver a mirarse al espejo para asegurarse que todo estaba perfecto. Puede que hubiese envejecido, pero eso no mermaba el placer de sentirse guapa.

Cogió su paraguas, las llaves y el aparato del demonio. Camino de la frutería saludaba a quien se encontraba. Casi todo el mundo conocía a Dolores y Fermín, la pareja que ni la dictadura, ni la represión, ni los empresarios había conseguido callar.

       – ¿Otra vez ha subido la verdura?

       – Que te voy a contar. Es que no hay manera. Yo no llego a fin de mes.

– Pues yo ni te cuento. Y lo de la luz es un robo, 157 euros nos ha venido este mes. Pero, si apenas  encendemos las luces. Mi hijo nos ha dado un papel con unas cosas que ha encontrado en el Internet para que ahorremos luz.

– Mira, entre la luz, el agua, las hipotecas y que cada vez es más caro comprar cualquier cosa, parece que quieran que desaparezcamos del mundo.

– 600 euros le deba yo a ellos para que se apañaran un mes. A ver si así iban a decir que no hay que subir el Salario Mínimo.

– Y eso quien tiene trabajo… porque hija yo tengo un amigo que el pobre ha tenido una enfermedad y no puede volver a trabajar y le dan una mierda de ayuda ¿Cómo esperan que alguien viva con 400 euros?

Dolores observaba y escuchaba atentamente la conversación. Las palabras de Fede retumbaban en su cabeza: “Parece mentira que tu marido y tu fuerais los que más nos empujabais..”

Caminaba lenta, pero feliz.

Siempre le gustaba ese espacio de tiempo en el que se encaminaba a recoger a la pequeña Ada. Su sonrisa al salir por la puerta del colegio, sus conversaciones de vuelta a casa, las constantes preguntas de Ada… Preguntas que en ocasiones no sabía como responder: ¿Abuela que hay de comer?; ¿Abuela por qué mis padres no pueden recogerme en el colegio?; ¿Y para qué tienen que trabajar?; ¿Tú no trabajas abuela?…

Ilustración de @Florinca

De vuelta a casa, Ada no dejaba de hablar. Sus ratos con la abuela le permitían hacer volar la imaginación. Preguntar, sabiendo que no siempre tendría la respuesta exacta, pero sí la comprensión y la duda que “la Dolores”, de forma consciente, dejaba en el aire, para que Ada no dejara de preguntarse nunca por todo.

– Abuela, la maestra nos ha dicho que tenemos que aprender a gestionar nuestro dinero. Y dice, que como si tuviéramos un banco tenemos que ir guardando dinero para cuando seamos más mayores, porque no siempre nuestros padres podrán ayudarnos.

– Eso dice la maestra. Y tu maestra no te ha dicho que a veces el dinero que se deja en los bancos desaparece ¿Quién se lo llevará Ada?

– No abuela. ¿Quién se lleva el dinero?

– No sé. A lo mejor tu maestra lo sabe… Y por qué te dijo la maestra que tus padres no siempre podrán ayudarte. ¿Tú piensas que quienes te queremos vamos a dejar de ayudarte? ¿Si yo estuviera malita tú me cuidarías?

– Sí, abuela. Y mis papis también te cuidarían. Porque cuando yo estoy malita también me cuidáis y tu me traes a casa natillas de galletas y caldo. Pero, dice la maestra que no siempre hay dinero para todos, que tenemos que aprender a gestionar…

– Ada, te acuerdas cuando me preguntabas por Ashma. Te acuerdas cuando me decías que su familia se había quedado en otro país, que estaba sola en el recreo y que a veces compartíais vuestro desayuno.

– Sí.

– ¿Algún día tú o ella os quedasteis sin desayunar?

– No abuela. Porque cuando se me olvidaba o yo no traía desayuno ella me daba y cuando ella no había podido traer yo compartía el bocadillo que me hace mamá.

– Entonces, ¿por qué dice la maestra que no hay para todo el mundo, si aún podemos aprender a compartir?

– Es verdad abuela. ¡Mañana se lo voy a decir a la maestra y le voy a decir a Ashma que se lo digamos a la maestra!

Sentada frente al televisor, Dolores continúa escuchando las noticias, mientras Ada juega con el móvil de la abuela.

“El gobierno quiere incluir la educación financiera desde primaria…”

Un “experto” vaticina: “No habrá pensiones para nuestros nietos. Es importante que vayamos pensando en hacernos y hacerles un seguro de pensiones privado…”

“La extrema derecha sube en intención de voto”

Dolores mira a su nieta. Son las 18:30 de la tarde.

– Ada, hija. ¿Puedes dejarle el teléfono a la abuela?

– Sí. Toma.

– Vistete Ada. Hoy quiero enseñarte lo que es la “solidaridad”.

– ¿Solidaridad?

– Sí. Vístete.

Dolores agarra el aparato del demonio. Desliza el dedo índice por la pantalla. Busca el dibujo aquel que su hija le enseñó, aquel donde se ven los mensajes, donde puede escribir para hablar con la gente, en el que sus hijos le envían las fotos de los nietos.

Busca, sin parar. Ahí está: #Yayorevolución.

Entra en ese grupo en el que llevan un par de años escribiéndose todas las amigas. El grupo que mira poco, porque Victoria o Fede o Carmen, siempre la mantienen al día de sus quedadas para tomar café o dar un paseo.

Pulsa en ese rectángulo donde le dijeron que debía escribir. Es su primer mensaje en el grupo. Teclea una a una las palabras que quiere transmitir. Palabras que evocan tiempos de luchas. Palabras que resumen una vida compartida de convicciones, de ideas, de sueños:

“NI NOS DOMARÓN, NI NOS DOBLARON, NI NOS VAN A DOMESTICAR”

Hoy Dolores y tantas otras volverán a demostrarles que ¡NO PASARÁN!

 

Dedicado a todas las Dolores que han dado sus tiempos, sus luchas, sus cuidados, sus sueños por dejarnos los derechos que hoy no deberíamos dejar de defender.

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